Cuando el cuerpo pide silencio
No siempre sabemos explicar lo que nos pasa.
A veces no hay una idea clara, ni un pensamiento preciso.
Solo una sensación.
Una especie de incomodidad suave, como si algo estuviera fuera de lugar, aunque no sepamos exactamente qué.
Y entonces seguimos.
Seguimos pensando, resolviendo, distrayéndonos.
Pero el cuerpo no se apura.
El cuerpo espera.
A veces se manifiesta en pequeños gestos:
un suspiro más largo de lo normal,
una tensión en el pecho,
una necesidad de frenar aunque no haya motivo evidente.
Quizás no todo lo que sentimos necesita ser entendido.
Quizás alcanza con detenerse un momento y escuchar sin buscar respuestas.
Porque en ese silencio, aunque sea breve, el cuerpo empieza a aflojar.
Y con él, algo adentro también se ordena.
Sin esfuerzo.
Sin explicaciones.
Solo porque dejamos de empujar.
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