Hubo un momento en que me senté…
Sin pendientes urgentes…
Sin el celular en la mano…
Sin nada que resolver…
Y en vez de sentir alivio…
Me sentí mal.
Una voz adentro que decía: deberías estar haciendo algo. esto es perder el tiempo. los demás no paran, ¿por qué vos sí?
Y ahí entendí algo.
No nos cuesta parar por falta de tiempo.
Nos cuesta parar porque aprendimos que el valor de una persona se mide en lo que produce, en lo que resuelve, en lo que avanza.
Y descansar — de verdad descansar — se siente casi como fallar.
Pero hay algo que nadie te dijo:
El día que no hiciste nada tal vez fue el día que más te cuidaste.
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