Hay días en los que dormir no alcanza,
El cuerpo descansa, pero la mente sigue igual.
Como si algo adentro no supiera cómo soltarse del todo…
Porque no todo cansancio viene de lo que hacemos.
A veces uno se agota de pensar demasiado.
De sostenerse.
De seguir, incluso cuando por dentro ya no puede más.
De aparentar que está bien para no preocupar a nadie.
Y ese cansancio es distinto.
No siempre se ve.
No siempre se entiende.
Pero pesa…
Pesa en la cabeza..
En el pecho…
En la forma en que miramos el día antes de empezarlo…
Tal vez por eso hay momentos en los que no necesitamos dormir más, sino exigimos menos.…
Menos fuerza.
Menos ruido.
Menos obligación de estar bien todo el tiempo.
Porque a veces descansar de verdad
no es cerrar los ojos,
sino dejar de empujarse por un momento.
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